Orden de la historia

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sábado, 8 de mayo de 2010

Victor: capitulo 2

El día amaneció radiante, ni una nube que intentara tapar el sol. Si, realmente este pueblo tenia su encanto, pero nunca iba mas allá de los paisajes que se podían contemplar.

Pasaron varios días, hasta que me llego la noticia. Días monótonos y llenos de la incansable rutina.

Sueña el despertador. Lo miro, las 6:00 de la mañana. Derecho al baño, tomaba entre mis manos unos manotazos a agua fría, refrescándome el rostro cansado de la noche y me miraba aun sin secarme en el espejo del lavabo. Tenía el pelo descuidado, una melena corta de color castaño oscuro imposible de dominar, claro que tampoco lo intentaba demasiado. Mis facciones pronunciadas y marcadas, saliente mentón, mandíbula ancha y plagada por la barba incipiente de la mañana, nariz ni grande ni pequeña pero resultona y mis pequeños ojos rasgados casi negros que a mas de uno asustaban si me llegaba a mosquear demasiado.

Tenía una imagen descuidada y mi indumentaria aumentaba este aspecto en mí. Unos vaqueros gastados y un jersey fino ancho y con algunas pelotitas de la mala calidad del tejido y es que no tenia mucho dinero para nada mejor, tampoco era algo que me importara, al fin y al cabo trabajaba en un taller de la ciudad.

Así que después de vestirme y coger un donut de la despensa, me despedía de Chano.

‒ Maldito gandul, nos vemos esta tarde¡¡¡¡ ‒ le gritaba mientras cerraba la puerta del piso de alquiler quedándome aun tiempo para escuchar un gruñido suyo a modo de respuesta. Sonreì, era fácil vivir con tu mejor amigo.

Bajaba saltando las escaleras del portal del bloque. Y me dirigía hacia el coche aparcado unas calles mas abajo sin darme aun cuenta de que todavía el donut seguía en mi mano. Arrancaba mi viejo Nissan y a toda marcha me dirigía a la ciudad mientras ahora si, empezaba con el primer mordisco de mi donut.

Y eso era lo mas interesante, luego en el taller, terminaba el trabajo atrasado, el jefe me pegaba unos cuantos alaridos con los que yo no respondía con mas que un resoplido y algunos pero poco clientes nuevos se quejaban de los grandisisimos precios que teníamos. Arreglo, arreglo, limpiar, comer, arreglo, arreglo, limpiar y a casa.
No había mucho mas de mis mañanas. Luego medio exhausto volvía a coger el coche y sobre las cinco de la tarde llegaba al piso.Y allí como todos los días que me tocaba trabajar, me encontraba a Chano, a veces con una dosis extra de hachis en el cuerpo diciendo tonterías con las que nos reíamos mientras que me tomaba algún aperitivo, otras no había nadie y otras solo una corbata en el pomo de la puerta de su cuarto ( para quien nos sepa esto, es una indicación de que no se debe pasar, significaba que el ‘Señor Chano’ estaba con alguna de sus conquistas) creo que solo se compro la corbata para aquella utilidad…

Luego solía mirar la televisión y salir a pasear un rato por la playa o por el muelle, a veces si no estaba muy cansado salía a nadar, me sentía muy libre cuando recorría el agua utilizando solo mi cuerpo, pero siempre quise tener una embarcación para contemplar las puestas del sol encaramado en el mástil del barco de mis sueños.

Y así solían ser mis días, si no hubiera ocurrido lo que ocurrió no habría puesto mas que la anteriores líneas y un signo de repetición como en las canciones …’’bis’’

Pero aquel Martes pasó algo fuera de lo rutinario. No todos los días moría tu padrastro.

Llegué a mi casa como siempre a eso de las cinco de la tarde. Chano estaba esperándome en el salón, esta vez, no había chicas pululando por el piso, ni olor a hachis en el ambiente y la cara de Chano era todo un poema.

‒ Víctor…‒ me dijo con pausa, mirándome a los ojos. ‒ Ven siéntate, ha pasado algo tío…

Chano nunca hablaba así, tan lento tan pausado, con ese tono tan dramático con el que estaba hablando y me estaba empezado a asustar.

‒ Si le ha pasado algo a Dani, Chano….

‒ No, Víctor… es tu padre ‒ me dijo mirándome con compasión .

Chano siempre le decía a Sabariego ‘mi padre’ y nunca le quise decir que odiaba que dijera eso, que no era mi padre, si no mi padrastro…

‒ Se a puesto enfermo, ¿verdad? ‒ pregunte con un poco mas de clama y quitándome un peso de encima sabiendo que mi hermano estaba a salvo…

‒ No, Víctor, mira… tu padre ha muerto, se ha … se ha suicidado o eso es lo que dice la policía. Lo siento tanto, tío… ‒ me abrazo pero yo no le devolvía el abrazo…

Sabariego muerto… suicidado? Aquel viejo había decidido terminar con su vida… era difícil de creer. Mi padrastro era un hombre ambicioso y sin muchos miramientos… me quede unos instantes al lado de Chano.

‒ Chano… oye, ya esta bien aparta, no seas tan dramático ‒ le dije intentando que me soltara.

Me miro aturdido y seguramente pensado que no había captado bien el mensaje.

‒ No le quise, nunca. Siempre estorbo en mi vida, tío, nunca fue mi padre solo…era el novio de mi madre y el que cuida… bueno cuidaba de mi hermano. ‒ le dije cuando por fin me soltó del abrazo. El siguió mirándome perplejo y era normal pues nunca le había contado nada sobre él.
Chano solo sabia que era mi padrastro y punto y siempre había pensado ‘bien’ si se podía llamar a si de nuestra relación.

‒ Pero Víctor tío… es tu padre

‒ Padrastro… ‒ le corregí ‒ no es que no me duela que halla muerto, al fin y al cabo a todos nos apena la muerte de un conocido, pero Chano de verdad no te preocupes es solo un conocido para mi.

Puso cara de poco entendimiento y me dijo

‒ Vale como quieras, yo solo… ‒ dudo un instante y al fn dijo ‒ pero en fin. Líate algo para fumar ‒ y me reí de su aptitud.

Asentí con la cabeza y pasamos la tarde entre humo y cerveza. Eso era algo que me gustaba de Chano, no era un persona complica, era sencilla y previsible, alocada y tremendamente comprensible. Era un buen tío.

La policía volvió a llamar, la funeraria, todos los pueblerinos dando pésames, la floristería… Se que era cruel pensarlo pero al menos así tendría un par de días de vacaciones en el taller.

No, realmente no me importaba la muerte de Sabariego.

Todo trascurrió con relativa facilidad, no había testamente alguno por lo que sus pertenencias pasaron a mi hermano y a mi, mi hermano se quedaría con mi tío Agus, era un buen hombre aunque todo el pueblo dijera que estaba majara. Podría heredar de mi padrastro su puesto de trabajo en la biblioteca del pueblo, cosa que me pensaría, pues en el taller no ganaba mucho, pero tampoco quería pasar mis días encerrado entre libros en el feísimo edificio con letras doraras ‘’ Casa cultural’’ mañana como tenia mis tres días de permiso del taller arreglaría los asuntos de la defunción, lo del funeral e iría a ver la biblioteca que hacia años que no visitaba.

Pero pese a todos mis quehaceres esa no noche no puede de dejar de pensar en la persona del caserón del acantilado, ahora que tenia tiempo podría ir a ver quien se había trasladado, preguntaría por el pueblo si alguien sabia, pero tenia que saberlo mi mente no dejaba de rondar posibilidades de lo mas descabelladas con las que luchaba por disipar… otra cuestión que rondo mi mente fue el suicidio, si bien no me importaba demasiado su muerte me resultaba extraño que Sabariego se hubiera suicidado, tremendamente extraño, pero mañana seria otro día…

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