Orden de la historia

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sábado, 8 de mayo de 2010

Ariadnne CAP 2

La oscuridad era absoluta en la habitación cuando abrí los ojos. ¿Cuánto tiempo habría estado inconsciente en aquella esquina? No importaba mucho, estaba bien dormir, perder la consciencia o como en mi lugar fuera aquel especie de sopor.

El latido de Fredich me había despertado, se había acercado a escuchar a la puerta si yo seguía ahí y al comprobarlo se había alejado rápidamente alguna parte mas alejada del caserón, no tenía mucha nitidez ahora su presencia. La intuición le habría advertido del peligro que corría cerca de allí, pues estaba sedienta.

Mi ser clamaba sustento, apenas podía moverme con soltura pero me levántate pesadamente y cambie el chándal que llevaba por un vestido oscuro holgado y sedoso.
Era la hora de comer.

Salí del caserón por la ventana del cuarto no quería encontradme con Fedrich y me deslice hacia abajo por la fachada y luego por el acantilado como reptil en la noche sujetándome en los salientes húmedos y resbaladizos de las rocas.
No me llevó mucho tiempo llegar hasta la oscura playa. Mis pies tocaron el agua helada de la orilla. La luna era creciente aquella noche, no había muchas estrellas iluminando la inmensidad nocturna y el océano parecía una masa oscura de reflejos del cielo en movimiento siguiendo sus ondas.
La brisa era adorable en el rostro y cerré los ojos tratando de atrapar el momento pero la impaciencia de mi naturaleza acababa por matarla bramando por dolor.

Podía sentir la presencia humana no muy lejos de mi posición. La sed rugió y conducida por ella, seguí inconsciente el sonido de los tres latidos que parecían llamarme a gritos, aunque no fueran más preciados que los de otros de sus semejantes.

Arrastraba los pies por la arena en línea recta hacia mis presas sin reparo alguno en mi forma autómata, al fin y al cabo siempre había sido a si. Y en la orilla de la playa ya no muy lejanos a mi pude ver a un hombre que sentado en una improvisada silla en la orilla que pescaba con caña y hablaba en susurros al pequeño que tenia al lado junto a una pequeña hoguera con los ojos muy abierto escuchando al pescador…

Sentía sus latido casi pegado a los míos y deseaba que estuvieran ya muy dentro de mi, casi los podía sentir al unísono con los míos…y la sed clamaba por destruir alguna vida sin importar cual fuera. No pensaba demasiado ella, en la vida, lo hacia por mi.

Me oculte detrás de un pedrusco considerable justo detrás de ellos y lo escale sigilosa y liviana hasta estar en una posición elevada.
Contemple unos minutos desde arriba la imagen, el chico parecía ensimismado escuchando aquel hombre, los ojos marrones oscuros le brillaban al compás de las llamas de la hoguera, podía a ver sido enternecedor en otras circunstancias.
Recordaba bien la escena, el pequeño de no mas de ocho años, hermoso con su pelo corto marron alborotado y sus pequeñas manitas, tan frágiles, haciendo gesto de impaciencia… Mis musculos se tensaron y mi boca se desencajaba por dentro ansiosa por penetrar en aquel dulce cuello, podía notar mis colmillos ya incipientes en la oscuridad, deseosos e impasibles.
Pero un latido que había pasado casi inadvertido por mi ciega sed maldita se acerco hacia ellos corriendo ladrando hacia mi. Un perro labrador, se habia colocado entre mi presa y yo.

‒ Calla a ese chucho Dani, espantara la pesca

‒ ¿Qué pasa Martín, por que ladras?

El chico se volvió hacia en rabioso perro acariciándolo que no paraba de dirigirse con sus ladridos amenazantes a mi. Emití un gruñido casi involuntariamente como respuesta al sucio can alertando con esto al muchacho de mi presencia.

‒ Agus… ‒ el chico retrocedió unos pasos tembloroso sin volver la vista, clavando sus ojos en la roca como tratando de ver a través de ella que habia provocado aquel gruñido ‒ creo que hay algo detrás de la roca…‒ dijo con suave hilo de voz entrecortado.

El hombre no parecio sorprenderse.

‒ Deja ya tus juegos Dani, te traje para que aprendieras algo de provecho y no fueras como tu padre… y calla ya a ese chucho.

Del peso que soportaba la roca unas piedrecillas rodaron hacia la arena.
El perro se aproximo y se tenso para atacar abriendo sus fauces amenazantes. Caí sobre él rápida, silenciosamente como una sombra sobre el animal que apenas se percato de la acción. Y casi involuntariamente y mas como una naturaleza defensiva que como capricho de dieta vampiresa, clave mis colmillos deseosos de sangre en le cuello de la débil aunque valerosa bestia. El contacto de su sangre en mi boca...
El chico se quedo paralizado, nunca había cesado de mirar en mi dirección y yo lo miraba directamente a los ojos mientras la sangre de su mascota recorría mi garganta como aceite balsámico que reparaba las heridas de las rasgaduras de mi sed. El tum tum de animal aminoraba en su cuerpo mientras que yo lo hacia latir mas intensamente en mi interior hasta que el cuerpo se le seco. El chico y yo nos mirábamos a los ojos pero yo no pensaba…

Deje caer el cuerpo inerte del animal en la arena y me quede mirando al chico un momento más mientras que me incorporaba del suelo de la matanza.
Estaba en estado de shock, no podía apartar los ojos de mi, no había expresión en su cara. Pero solo fue un momentáneo ya que ese brillo desapareció y entonces también lo hice yo de su vista.

Camine hacia el lado opuesto en dirección hacia otras el acantilado. No volví a mirara la hecho del perro muerto y desangrado al lado de la roca y al chico mirando el lugar vacío que había ocupado yo antes, con su padre absorto en su tarea sin percatarse de lo ocurrido. Pero sentí como se desmayo y se callo de bruces en la arena de la playa.

El hombre no se había inmutado y seguramente solo agradecía en su interior que los ruido del perro se hubieran apagado por lo que se dio la vuelta para ver la causa del silencio inmaculado. Yo ya caminaba lo suficiente lejos para no ser vista. No quería una escena de pánico más en mi mente.

‒ ¡Daniel¡ ‒ oí como gritaba el hombre confuso y despavorido.

Trato de depespertalo y lloro, el silencio ahora había sido roto por el hombre. Que cruel por su parte romper semejante momento de mi tranquilidad y sosiego
Yo me aleje pues no me agradaba la patética imagen que hubiera visto detrás de mi. Ya estaba mucho mejor aunque no completa claro. Un perro, era como comer una sopa de pan a un cordero asado y además te dejaba una especie de extraño sabor amargo en la boca. Pero poco me importo a mi cuando la sed desesperaba por cualquier tipo de calor.

Mientras caminaba sin mucho interés en dirigirme a ningún lado, recordé la mirada del chico, Dani, así fue como el hombre lo llamo… Ninguna expresión lo cual no era muy habitual. El horror o la repugnacion eran las respuestas más propios de cualquier predecible humano… incluso la fascinación de algunos locos por la muerte.

Pero quedarse sin expresión alguna… no era muy habitual. Pequeñas sorpresas a veces me encontraban en los mortales, pero… tan pequeñas.

Camine un rato mas por la arena y me descalce para sentir los granitos de esta bailando bajo mis pies, con el suave cosquilleo. Las sensaciones de la vida podían ser placenteras pero siempre eran las mismas… el pasar de los años había asesinado todo arrebato de curiosidad, de frescura, de ansias de vivir, de mi otra vida, de mi verdadera vida.

Sin saber por que me dirigí hacia mi caserón de nuevo.

Nunca tenia demasiadas ganas de nada y este era uno de eso días en que esa sensación se multiplicaba por dos. Que abatimiento sin sentido podía sentir a veces, sin solución aparente… o al menos yo no la encontraba.

No lograba entender a los otros, como solía llamarlos en mi fuero interno, mis semejantes eran tan diferentes y amaban y odiaban tanto que era estùpido sentir de aquella forma.

Nunca me gustaron demasiado por que ni siquiera yo me gustaba mucho.

Subí como lo haría cualquier humano por el pequeño camino empedrado hacia lo alto del acantilado hasta toparme con el otro camino hacia la puerta del caserón.

Entre y subí a mi cuarto para cambiar mi vestimenta nuevamente. Cuando me mire en el espejo los ojos se habían tornado de un violeta apagado a causa de la todavía sed no saciada por completo. Un vestido colorido e informal junto con unas sandalias. Al volver a dirigirme al jardín pase por los dormitorios del servicio. Se oía a Fedrich y su respiración pausada y relajada en su profundo sueño, una muestra más de la confianza en mi depositada la cual nunca había entendido.

Salí al jardín y me subía al coche rojo aparcado justo donde lo había dejado la ultima vez a la salida de la puerta de madera principal.
Me recogí el pelo que se había soltado a causa del descuido y arranque el coche hacia el pueblo.

Debía continuar mi tarea, este lugar aunque bello indudablemente me hacia sentir desolación incomprendida. No quedaba más de un par de horas para el amanecer pero en casa me aturdiría a mi misma. Debía siempre tener la mete ocupada, notaba los desvaríos que me producía el cansancio y el aburrimiento, la monotuidad…

Profunda era la noche cuando estaba en la puerta de la ‘CASA CULTURAL

Salí del coche y empuje la puerta con facilidad, como el señor Sabariego prometió no la dejaría cerrada por mi causa. El gesto pudiendo ser de agradecer me pareció repulsivo, tanta falsedad alrededor de él me causaba nauseas como otras tantas cosas y situación de la continuidad de los mortales.

No había nadie en la biblioteca como era de suponer, a estas horas de la madrugada. Baje con una repentina sensación de alivio a lo que mas parecía una prisión subterránea que lo que el bibliotecario llamo como zona de ciencias ocultas. Este pensamiento hizo amago en mi rostro de una sonrisa. Me parecía de lo mas ridículo aquel hombre.

Así baje las escaleras hasta la ‘’catacumba’’ y me senté en aquel despacho provisional con una pila de libros que el día anterior me había dejado sin acabar.

La tarea continuaba. Era al menos esta actividad, mas entretenida que pasear durante la eternidad valle colinas ríos montañas y costas…

Encendía la lámpara de aceite en a la derecha de la mesa, por simple costumbre pues mis ojos no necesitaban de tanta luz para ver, un atizo del reflejo de la luna era suficiente para ve con la claridad que lo hacia cuando en mi existencia verdadera, en la que era persona podía ver con un radiante solo en medio de un cielo azul despejado.

Me enfrasque en mis libros. Pase las paginas carcomidas, descuajé sin querer las tapas de otros tantos. Me encontré con un ejemplar de Romeo y Julieta. Como podía encontrarse un libro a si aquí abajo, aquel estùpido ¿Como podía confundir una obra de Shakespeare con algo fantástico místico, mítico, paranormal? Me sentía un tanto contrariada pero aquel popular libro me hizo recordar a Alicia.

La más romántica de las personas que nunca conocí. Le encantaba aquella historia, a veces soñaba despierta con el Romeo que nunca llego. Pobre desgraciada pensé para mi misma entonces. Pero como la envidiaba ahora.

Alicia y yo, nos conocimos en una de las interminables fiestas que sin oportunaza ninguna se celebraban a cada poco en alguna residencia de de algún aristócrata con un extra de beneficios por ese tiempo.

Recuerdo cuando la vi por primera vez. La imagen me pareció mas un cuadro que un escena mas de la realidad.

Sentada en un banco de piedra con un fondo de fiesta y jardines decorados para la ocasión, miraba absorta sus zapatos mientras los fuegos artificiales y el manto de la noche hacían presencia. Llevaba un vestido de blanco muy vaporoso con el que no creí que se sintiera muy cómoda, un recogido alto de su melena castaña, varios mechones colgaban por su delicado rostro, una mirada perdida a juego con sus cabellos y una pequeña nariz puntiaguda. Parecía absorta en sus zapatos y no parecía percatarse de mi llegada, pues me había estado aproximando a ella en medio de toda ese gentío que no parecía darse cuanta de su presencia.

Era de mi edad y yo estaba también un poco sola, mis padres parloteaban con el resto de los invitados de la fiesta y estos en especial no eran de mi agrado, nueva nobleza. Así que no dude en sentarme a su lado y presentarme. En un principio pareció confusa por mi llegada. Recuerdo nítidamente nuestras primeras palabras.

‒ No te veo muy complacida con la gran fiesta del Marques .

‒Oh¡ ‒ me miro sobresaltada y con expectación. La había sacado de sus pensamientos.

‒ si … es estupenda, ya sabes.

‒ Me llamo Ariadnne de la Cinstese, espero no haberte molestado…

‒ Alicia Monterrey aun…‒ dijo casi en un susurro, casi como si no quisiera ser escuchada. No era de la nobleza y me extrañaba su presencia allí aunque su atuendo era de los mas sofisticado ‒ en verdad es mi fiesta de compromiso. ‒ y volvió la vista abajo, con una tristeza que no logre comprender.

‒ Eres la prometida del Marques, debí haberlo intuido. ‒ trate de sacarle alguna sonrisa ‒ ni un rey se podría resistir a una niña como tu ‒ y le sonreír esperando verla a ella hacer lo mismo. Pero nada, seguía con su mirada fija en sus zapatos rojos.

‒ Desacuerdo, no es mi mejor fiesta tampoco… ‒ y me senté a su lado, mirando al suelo como ella también lo había hecho.


Solía entablar amistad fácilmente, pero también era muy apática por lo que se me pegaban rápidamente los estados de animo de la gente, por eso quizás la percepción de los sentimiento ajenos que tengo ahora.

De repente alzo la vista y me miro fijamente a los ojos con una sonrisa perfecta dibujando su rostro, unos dientes inmaculadamente blancos bordeados por unos labios finos y rosados que le daban un aspecto angelical.

‒ Valla Ariadnne, eres la primera persona que se me acerca en toda la noche y mira mi respuesta… soy vergonzosa y este no es mi mundo ‒ dijo sin dejar de sonreír, como riéndose de si misma. Era una gran virtud en ella tener esa capacidad.

Pero rápidamente empezamos ha charlar y a reír y en unos minutos no parecíamos dos niñas sosas y aburridas en medio de una fiesta, si no do señoritas de muy buen ver, desenvueltas entre risas y jaleos de los jóvenes que se nos pretendía en aquella trama.

La noche corría rápido ante Alicia, era muy ingeniosa y divertida. Las dos reímos largo rato. Entrando y saliendo de la fiesta, en un vaivén de danzas licores luces y sonrisas.

Se palpaba en el ambiente nuestra presencia. Cada uno de nuestros pasos era seguido por algún descarado del que nos reíamos o jugábamos al engaño. Denotábamos y llamábamos la atención, los hombres se rendía a nuestras mirada y los mas mayores reían nuestras gracias y nuestras travesuras.

La noche paso rápido y las risas y luces se fueron apagando. Mi madre conocedora de los modales y de la cortesía decido cuando nos marchábamos.

‒ Ariadnne ‒ Dijo un solo un tono mas alto cuando me vio entre la multitud ‒ el coche nos espera y tu padre esta ansioso.

‒ Madre ‒ Me levante dirigiéndome a ella ‒ quiero presentarte a Alicia de Monterrey y próxima la Marquesa de Castelar
Alicia se levantó y saludo a mi madre con cortesía.

‒ Un encanto de chiquilla ‒ le dijo con una afectuosa sonrisa. Le había agradado Alicia, obviamente y no sonrío de la forma que lo hubiera hecho en caso de una necesidad.

Mi madre la invito a pasar unos días a Paris antes de su enlace

Desde aquel día, Alicia y yo fuimos inseparables, la risas inundaban el lugar donde estuviéramos y me hacia sentir el calor y la dulzura que hoy me produce la sangre por mis venas. Fue estupendo cuando estuvimos en mi residencia formal de Paris. Ella se convirtió en mi hermana, en mi confidente, en mi amiga, en mi compañera y en mi luz.

Tirè el libro al suelo con furia y me llevé las manos a la cabeza… Mi querida Alicia.

Estaba amaneciendo, era algo que sentía en mi interior, como una especie de aviso, que me decía que debía marcharme pero no pensaba hacerlo, me quede allí toda la mañana. El bibliotecario vino un par de veces sorprendido por ver como pasaba las horas muertas entre los libros sin descanso, molestándome con rutinas mortales.

A media tarde, empezaba a encontrar libros más interesantes, mas enfocados a mis preguntas… pero estos no trataban sobre fantasmas, vampiros y moustros… hablaban de la filosofía humana, de cómo se conocía al hombre por medio del hombre.

Los otros nunca escriben libros de este tipo, nunca reflexionan por escrito sus pensamientos como estos locos mortales enamorados de la ciencia del saber…

Quizás no sea tan diferente para ellos que para nosotros, quizás es también aplicable a nuestra raza… al fin y al cabo una vez fui como ellos.

Este tipo de pensamientos rondaban mi cabeza, notaba como me empezaba a dar un ataque de el tipo que me dio en la cena…Solía pasarme cuando recordaba demasiado y es que este pueblo tenía ese poder de hacerme enloquecer, no…no quería caer en eso.

Debería acabar ya con esto... debería acabar con este mi sufrimiento, es tan fácil y tentador…

Y realmente era fácil, solo tenía que pedirle el gran favor a Fedrich… No seria difícil de convencer bajo amenaza…

Pero algo me decía que no que esperara un poco mas, que no tardaría en encontrar algo que me llenase por completo que acabara con esta locura del cansancio de mi existencia que terminara con el sufrimiento de mi existir...

Intente calmarme y seguí hojeando libros y libros pero la cabeza la tenia puesta en Alicia, como la echaba de menos… como la extrañaba.

Volvía recordar su sonrisa y su locuras. Pero me entristeció el destino que le habían marcado…

El día antes de su enlace con el Marques, me la encontré llorando en el jardín, corrí a ver que le pasaba, estaba sustada nunca la había visto llorar y ese día era un dia para celebrar la noche anterior había sido mi fiesta de compromiso, me casaba en una semana y ella mañana, en Paris, como ella deseaba, no entendí su llanto..

‒ Que ocurre Alicia? Por que lloras? ‒ y la abrace sin pensarlo.

Ella me acaricio la cabeza y me miro afligida…

‒ Me caso Ariadnne, me caso y… no le quiero, no le deseo, me repugna Anne…‒ me sorprendieron sus palabras y me quede atónita, el Marques era un gran hombre.

‒ Es un gran Señor Alice, no es muy apuesto, pero es de gran corazón, eso no lo niega nadie..

‒ tu eres afortunada pues el amor lo encontraste en tu futuro esposo, el te agrada… y me miro una tanto resentida

Se callo durante un tiempo y me miro a los ojos, volviendo a llorar…

‒ yo ya estoy condenada al amor, me llego el otoño pasado, él era un joven sirviente del Marques… yo le amo.. le amaba

‒ Mi pobre Alicia, por que no me lo has contado antes? Acaso no somos amigas?

‒ Creí que me acostumbraría, que lo asimilaría que se me olvidaría aquel joven… Se llamaba Armand, y es hermoso Anne…es tan hermoso.

‒ te ama a ti el?

‒ si, me ama y yo a el…o al menos nos amabam… ‒ ni la deje termina, estaba todo claro, no entendía por que ella no veía la situación…

Claro que yo en esa época no conocía sufrimiento alguno y mis soluciones eran penosas y mas en aquella situación.

‒ Fugaos Alicia, fugaos y sed felices¡¡¡

‒ Ariadnne…

Volvió a romper en un llanto aun mas intenso y la abrace con fuerza…

‒ el Marques a quien todo le creéis de gran corazón , si …el de las interminables fiestas y gran riqueza, lo mato Anne… LO MATO ¡

Me quede boquiabierta, no me esperaba aquello de Marques y la abrace y lloramos juntas el pesar que era de ambas… odié a su futuro esposo por eso siempre y pensar en la noche de nupcias me retorcía el estomago…

‒ Eres la Julieta sin Romeo…Alicia. Pero no busques la misma solución que ella. Yo estoy aquí, pídeme lo que quieras y te lo daré.

‒ Si? Verdad, seria tan fácil acabar con mi sufrimiento… como lo hizo Julieta, cuando vio a su Romeo tendido muerto. – de repente rio macabramente pero la tristeza se le reflejaba e los ojos ‒ pero yo no puedo ni eso, Anne… mi familia depende de mi, ellos ostentan el poder del Marques, no soy yo nadie para quitárselo por eso lo único que te puedo pedir, es que te quedes comigo Anne, que me ayudes con esta carga y este sufrimiento y quizás algún día pueda olvidar el asesinato que cometió mi futuro esposo y lo pueda llegar a soportar por que el amor no volverá a mi corazón…

Asentí, la abrace y lloramos juntas.

Desde ese día Alice comenzó a volverse un tanto rara, se codeaba con Aristócratas cerrados de mente, se movía por ambientes elevados y nos distanciamos. Yo sabía el por que, no quería ver mi felicidad con Gerard. Y yo la entendí.

Sus padres, era burgueses con un grandísimo capital, eran mas que ricos y casi vendieron a su hija para poder obtener su hueco en la nobleza. Pero pese a la tristeza que reflejaba siempre el rostro de Alice conseguía sacarle alguna sonrisa cuando teníamos tiempo de estar solar y hablar de la literatura de la música y el arte. Pero era triste mirarla, saber que cada noche tenia que soportar el peso del asesino de su corazón , a quien había matado por poseer el encanto de Alicia y es que el poder podía hacer a la gente horrible,,,

Ella me contaba cosas de artistas que parecían magos, con sus contorsiones y su espectáculos de magia y malabares…ella viajaba mucho, se conocía mejor que yo Paris y los barrios de la preciosa ciudad parecía tenerlos dibujados en sus manos.
A veces rondábamos las calles en el carro de caballo cuando mi marido estaba ausente y me enseñaba lugares donde nunca había estado. Paris era hermosa y Alicia estaba en ella, pero también podía se de los mas oscura en ocasiones…

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